-Desde finales del siglo XIX, los procesos de migración han dado un nuevo rostro a la República Mexicana.
Durante los años setenta del siglo pasado, los principales polos de atracción de migrantes eran las grandes áreas urbanas como la Zona Metropolitana de la C...
El desarrollo y la concentración de las actividades económicas y los servicios en determinadas regiones es la causa de las migraciones internas. De esta manera no resulta casual que las principales zonas metropolitanas del país -mismas que se ubican en el Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla-Tlaxcala y Toluca- se localicen en las entidades federativas cuyo PIB es el más alto del país; por ejemplo: en 2004, el porcentaje del PIB que generaban el Distrito Federal, el estado de México, Nuevo León y Jalisco era 21.8%, 9.5%, 7.4% y 6.3%, respectivamente.
Como resultado de la migración interna y el crecimiento poblacional, el grado de urbanización del país se incrementó notablemente durante el siglo pasado y continúa manifestándose en el presente. Una buena manera de comprender este proceso es comparar el porcentaje de la población urbana de México en los años 1910, 2000 y 2005, mismo que fue de 28.7%, 68.2% y 70%, respectivamente.
Una de las maneras que tenemos para saber cuándo un lugar expulsa o recibe pobladores nos la ofrece el cálculo y el análisis del saldo migratorio neto, el cual es la diferencia -en porcentaje- entre la cantidad de personas que entran y salen de un territorio específico. En el año 2000, según cifras del Consejo Nacional de Población (CONAPO) el saldo migratorio neto de las entidades federativas del país no era -como es de esperarse- homogéneo: en algunas de ellas, como Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Querétaro y Quintana Roo fue positivo, lo cual significa que se convirtieron en territorios capaces de atraer una gran cantidad de migrantes; mientras otras como Durango, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Zacatecas, el saldo fue negativo, lo cual implica que el número de migrantes no fue cubierto por el total de personas que decidieron ir a vivir a sus territorios. Resulta curioso señalar que el Distrito Federal ha perdido gradualmente el interés de los migrantes nacionales: mientras en el periodo 1960-1995 fue una de las zonas con mayor capacidad de atracción, en el año 2000 -de acuerdo con el CONAPO- tuvo un saldo migratorio neto negativo.