-El guadalupanismo es una de las principales características de la religiosidad novohispana. En él no sólo se muestra que la Virgen reconoce a los indígenas, sino también el nacimiento del nacionalismo y la lucha contra el poder de los peninsulares.
Desde el siglo XVI, la Virgen de Guadalupe se ha convertido en el motivo central de una gran cantidad de creaciones artísticas: los grandes pintores del vir...
Durante el virreinato, el clero secular estaba estrechamente relacionado con los peninsulares y, a lo largo de tres siglos, se convirtió en una institución sumamente poderosa: el diezmo, la limosna, los primeros frutos y ganados, el pago por la administración de los sacramentos, así como las donaciones y legados, la convirtieron en la mayor propietaria de tierras y riquezas de Nueva España. La Iglesia era la principal banquera y la mayor productora agrícola y ganadera del virreinato. En 1803, Alexander von Humboldt calculó que la riqueza de la Iglesia ascendía a 260 millones de pesos.
En este contexto, el nacimiento del culto guadalupano durante el siglo XVI implicó una suerte de enfrentamiento entre dos religiosidades: la de los criollos y la de los peninsulares. Efectivamente, mientras los peninsulares adoraban a la Virgen de los Remedios que acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Mesoamérica, los criollos comenzaron a venerar la imagen de la guadalupana que -además de su marcada influencia indígena en su apariencia y lugar de su aparición- les ofrecía un culto que los distanciaba y diferenciaba del grupo social más pequeño y poderoso del virreinato.
Por su parte, los indígenas también comenzaron a encontrar una mayor identificación con la Virgen de Guadalupe: ella no sólo poseía sus mismas características étnicas y se había aparecido en uno de los antiguos lugares de culto, sino que también les ofrecía la esperanza de acceder a una religiosidad que nada tenía que ver con las prácticas del clero secular que se aliaba con los peninsulares. El guadalupanismo, por lo menos desde esta perspectiva, implicaba una suerte de retorno a la actividad de los frailes que fueron capaces de defender y proteger a los indígenas.
Los sacerdotes criollos y mestizos también recibieron la influencia del guadalupanismo, si bien era cierto que las leyes dictadas por la Corona les prohibían acceder a los puestos más altos de la jerarquía eclesiástica, también era verdad que la aparición de una Virgen morena implicaba que ellos tenían exactamente los mismos derechos que los peninsulares, pues habían sido elegidos por la Madre de Dios como sus hijos más queridos.
Así pues, a partir del siglo XVI, el culto a la Virgen de Guadalupe se convirtió en un sinónimo de oposición a los peninsulares y -muy probablemente- a la Corona española. Ser guadalupano significaba una lejanía con los peninsulares y el reclamo de una nueva identidad que se mostraría con toda su fuerza tras el inicio de la revolución de independencia, cuando Miguel Hidalgo y Costilla hizo suyo un estandarte de la guadalupana para conducir a sus hombres en la guerra contra los peninsulares y crear una nueva nación.