-La derrota de las tropas huertistas no significó el fin de la guerra, pues los enfrentamientos entre los distintos grupos revolucionarios no se hicieron esperar.
Cuando Emiliano Zapata y Francisco Villa se encontraron en la Ciudad de México, el Centauro del Norte se sentó en la silla presidencial como una broma. Algunos cuentan que le dijo a Zapata: "éste es un rancho muy grande para nosotros".